EL DESASTRE DE LA OPOSICIÓN


Para la jornada de consultas de candidatos presidenciales por los dos partidos de oposición, el Liberal y el Polo, se imprimieron 23 millones de tarjetones y sólo participó un millón y medio de electores, menos del 7%, ni siquiera la maquinaria tradicional de ambos partidos se movilizó. Hay que buscar explicaciones pero también hay que esperar que estos resultados conduzcan a una recomposición de los liderazgos.

Nadie esperaba una masiva participación, pero los más cautos pensaban que rondaría entre los dos y medio y tres millones de votos. La publicidad política fue abundante, masiva y se hizo con toda libertad y plenas garantías. El discurso de ambos partidos giró, en buena medida, contra el referendo y las pretensiones reeleccionistas del presidente Uribe. Poco, por decir nada, fue el espacio que los candidatos destinaron a esbozar qué es lo que plantean y cual su propuesta de gobierno para el periodo 2010-2014. El triunfador de la consulta liberal, Rafael Pardo, hombre inteligente pero con una imagen absolutamente gris, sólo habló contra del referendo. Carlos Gaviria planteó un hipotético y gaseoso país decente muy a tono con una actitud tradicional en él que considera podrido el sistema político, y lanzó una puntilla contra la reelección afirmando que era mala para la salud de la democracia colombiana, de la que tanto desconfía.

Primera lección de la consulta: la oposición política en Colombia sufre de anemia, es cada vez más raquítica. ¿La razón? La apelación a un discurso que suena a estribillo contra Uribe y contra sus políticas centrales. Llevamos siete años escuchando del Polo la misma cantinela. Otros llevan más de 15 años atribuyéndole al presidente Uribe hechos y conductas delictivas, mientras que el grueso de la opinión, consistentemente entre un 65 y un 80%, mira con ojos de aprobación y de simpatía su gestión. La peor parte la llevó el liberalismo que siguió la senda del Polo, atropellar al presidente a contra corriente de las bases pues se podría pensar que el grueso de la población liberal es en esencia uribista o respeta su obra de gobierno. Ambos partidos están, en sana lógica, obligados a cambiar los términos de la oposición y de la crítica, hacer relevos directivos y a mostrar sus propuestas de gobierno.

En la consulta liberal el triunfo de Pardo no resultó categórico ni definitivo, queda demostrado que el liberalismo por sí sólo no tiene chance ni perspectiva de hacer un papel decente en las próximas elecciones para congreso y para presidente. Del desastre se libra una figura fresca, ajena a las viejas maquinarias, que hace planteamientos serenos y realistas y que no se lanza a la ciega y sectaria oposición que hicieron sus pares: Aníbal Gaviria, un líder que surge para quedarse en los primeros planos de la política colombiana, mientras que otros, carentes de apoyo, deben despedirse sin pena ni gloria de aspiraciones inalcanzables. Los grandes perdedores, los ex presidentes Gaviria y Samper, deben hacerse a un lado, el primero para dedicarse a coleccionar arte y el segundo a pedir trabajo en algún programa de humor. Ambos son los responsables de la hecatombe liberal.

Por los lados del Polo, Petro es la verdadera y grata sorpresa. Se fue sólo contra la pesada maquinaria de Dusán y de los Moreno, contra la ortodoxia mamerta y contra el triunfalismo de Carlos Gaviria. El triunfo de Petro se debe, de un lado a su garra, a su espíritu batallador, a su búsqueda sincera de un nuevo discurso y de una nueva cara para la izquierda colombiana para alejarla en definitiva del lastre comunista y de la combinación de las formas de lucha. Pero, también hay que darle crédito a la postura digna que asumió ante los insultos de Chávez contra el presidente Uribe, bien diferente a lo que hicieron dirigentes liberales y polistas que visitaron a los mandatarios vecinos haciendo una diplomacia paralela. Los resultados revelan un castigo a quienes así procedieron. Es pues la coyuntura para que Petro imponga un nuevo derrotero al Polo si es que sus rivales lo dejan trabajar en paz y no le ponen zancadillas.

Sin proponérselo, el uribismo puede sentirse, no victorioso, pero sí el principal beneficiario del desastre opositor. Las fuerzas oficiales pueden capitalizar la debilidad de sus rivales. Pueden vender la idea de que frente a Uribe los demás aspirantes a la primera magistratura son demasiado débiles para guiar una situación compleja y delicada como la que vivirá el país en los años venideros. Entretanto, Pardo y Petro tendrán que salir a convencer a los otros aspirantes, igualmente débiles, para juntar fuerzas y oponerse a Uribe en caso de que el referendo sea aprobado por la Constitucional. La culpa fue de quienes convirtieron esta consulta en un plebiscito contra Uribe y la reelección.

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